viernes, 22 de noviembre de 2013

Razmir es grande. No hay otra deidad como Razmir

Con muchas interrupciones y demoras, estoy tratando de dirigir al grupo de los martes "Las máscaras del Dios Viviente", una aventura urbana de investigación.  Precisamente por eso, nuestro compañero Enrique está algo desesperado porque con su bárbara sólo se le ocurre pegarse con todo el mundo "al estilo Conan".  Y claro, ese comportamiento en el templo de Razmir tiene sus consecuencias.  Pensando en él, y a modo de disculpa, le ofrezco la dramatización de la escena que vivimos en la última sesión, con alguna licencia literaria.  Espero que os guste a todos.

Los gritos de rabia de Irima se perdieron pasillo adelante mientras los guardias del templo y algunos acólitos la escoltaban a su celda.  De nada sirvió resisitirse.  El conato de insurrección llevado a cabo por ella había fracasado y, una vez más, se encontrada atrapada en la celda con un cuenco de agua como único compañero.

Estar encerrada iba completamente en contra de su naturaleza.  Irima necesitaba aire, allí se estaba ahogando.  No es ya que en las ciudades hubiese demasiada gente, demasiados edificios, demasiadas normas...  Es que allí, en templo de Razmir, además tenía que seguir una rutina y unas pautas.  Y ella nunca fue buena en esas cosas.

Irima, prima hermana de Amiri

Horas más tarde (¿Habría pasado ya un día completo?  Irima creía que no, aunque el sentido del tiempo se pierde fácilmente cuando se está aturidida en el jergón de paja de la celda) la puerta de la celda se abrió y tres guardias se aproximaron con cautela.

- ¿Veis?  Os lo dije...  Esta ramera es más fea que tu madre, Smythe.  Ni con un palo la tocaría.
- Cómo se nota que has visitado recientemente la casa de placer.  Yo llevo ya semanas sin un achuchón y estoy más caliente que una piedra al sol.  Veamos qué esconde esta dulzura debajo de la túnica.
- Tú mismo, Smythe, pero a saber dónde ha estado y con quién.  Igual te pega una cosa mala.  Acuérdate de Kurt y lo que le costó recuperarse de aquello que cogió.
- ¿Me vas a hablar tú, putañero del demonio, de lo que te puede pegar una mujer? ¿Tú, que frecuentas tanto el salón de Madame Hoja Tierna que van a ponerle tu nombre a una sala? Venga ya...
- Tú mismo, pero si quieres esta misma noche vamos y te presento a Sareen, la nueva adquisición del salón. Si son mujeres salvajes lo que quieres, ella te dará lo que necesitas.  Se dice que es seguidora de Calistra.  Invito yo, Smythe, pero no nos metas en un lío por un polvo.
- Te tomo la palabra.  Y tú, cerda, vete preparando por si la puta esa no es suficiente.

Sareen, con su infame número de los cuchillos.

Durante toda esta conversación, Irima alternaba expresiones de furia con miradas intensas con las que trataba de quedarse con todos los detalles: la celda, las llaves colgando del cinturón de uno de los guardias, la cara del desgraciado que hablaba, sus ojos lujuriosos...  Una mezcla de pánico y expectación se apoderaron de ella.  Por un lado, el hecho de que el guardia abusara de ella le parecía terrible, pero por otro ese mismo acto podría darle la oportunidad de escapar.  O por lo menos de dejarle un buen "recuerdo" al guardia en forma de mordisco o arañazo.

Mientras la puerta de la celda se cerraba de nuevo, Irima no perdió de vista a los guardias. Aquel que tenía fama de putero esbozó una media sonrisa aunque sus ojos parecían igual de inexpresivos que antes.  ¿Por qué ese guardia había intercedido?  ¿La quería sólo para él?  ¿Podría ser que entre los guardias de aquel nefasto templo hubiese gente decente?  Irima sólo sabía que gracias a su intervención se había esfumado el peligro y una, la verdad sea dicha, muy exigua posibilidad de fuga.  Tendría que seguir presa y más tarde simularía comulgar con la doctrina de Razmir.

Un tiempo indeterminado más tarde la puerta volvió a abrirse, y tras ella aparecieron algunos guardias y un sacerdote de túnica negra.  Irima tardó unos segundos en reconocer las formas tras la túnica y la voz tras la reverberación de la máscara que todos aquellos sacerdotes llevaban.  Sin mediar palabra, los guardias la condujeron, engrilletada como estaba, hasta el patio interior del templo.  Allí fijaron sus cadenas a un poste central y el sacerdote empezó a cantar las alabanzas a Razmir y el cómo la desobediencia era justamente castigada.

El castigo justo por desobecer... otra vez.


Irima se preparó y concentró su furia en aguantar.  No les daría la satisfacción de oir sus gritos.  Se mantendría fuerte, decidida e indomable como siempre había sido...  pero su moral se vino abajo cuando vio cómo el encargado de administrar la disciplina humedecía el látigo en un balde y lo frotaba posteriormente con sal.  Aquello iba a doler.

Y dolió.  Dolió más que cualquier cosa que Irima hubiese experimentado hasta entonces.  Se mantuvo estoica hasta el cuarto latigazo.  A partir de ahí no rocardaba si había gritado, pero dedujo que sí.  Cuando su voluntad estaba a punto de quebrarse, los estallidos de dolor pararon y se escuchó la voz del Sumo Sacerdote alabando a Razmir y a su justicia divina.  Irima quiso responder a gritos, pero el dolor sólo le permitió murmurar un "Me vengaré".  El guardia que la descolgaba del poste y que, junto a otros dos la escoltaba a las celdas la miró de arriba abajo.  ¿La habría oído? ¿La delataría? Con un esfuerzo y agotando las fuerzas que le quedaban, Irima alzó la cabeza y reconoció al guardia.  Era el "espléndido" que había evitado el ataque de su compañero con la promesa de invitarlo más tarde.


Encarni, nuestra ayudante, vestida para la ocasión

- "No tan alto, si yo te he oído cualquiera puede.  Y no te conviene.  No hables.  No hagas ningún gesto.  Trataré de ayudarte más adelante."



La suerte de Irima estaba cambiando.  ¿O no?


Os dejo con la escena de latigazos más memorable, con permiso de Mel Gibson.  Si os aburren los musicales, saltad al minuto 3 directamente.

 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Jade Regent: Al límite

Inestable y atontado, Razvan se apoyó en su propia espada mientras se unía a sus compañeros en una alborozada celebración.  Satisfecho con la simbología de estar apoyado en la espada larga, símbolo sagrado de la diosa Iomedae, recapituló cómo habían llegado a estar así, medio muertos y extenuados en un cueva abandonada.

Aquella misma mañana (¿Habían parado para comer? ¿Era siquiera el mediodía? Razvan no lo sabía pero le parecía que había pasado muchísimo tiempo) él y sus compañeros habían emprendido el camino, si es que en aquella ciénaga asfixiante había algo digno de ese nombre, hacia la posición indicada con el símbolo de una cueva en el mapa que habían encontrado en la choza.  Por el camino se habían encontrado con otros dos aventureros que también participaban en La Recompensa Goblin y que había enviado la propia Shalelu Andosana.

Hanzo parecía ser un monje, o al menos vestía como tal.  Sus rasgos físicos recordaban a los de Ameiko Kaijitsu, y sus ojos proyectaban una determinación y una serenidad que a Razvan le llamaron la atención.

Owen, por otra parte, parecía igual de preparado que el propio Razvan.  Su cota de mallas le delataban como guerrero, y pronto sus habilidades de rastreo se revelaron útiles, ya que al parecer había identificado el poblado goblin como uno de los puntos indicados en el mapa.

Tres de los aventureros (Owen, Hanzo y el propio Razvan) eran partidarios de ir al emplazamiento de los goblins y salir a su encuentro. Los otros tres (Bonny, Rashid y Tali) opinaban que la cueva estaba más cerca y que merecía la pena averiguar qué era tan importante allí como para marcarlo en un mapa.  La idea de que por su inacción aquellas criaturas pudieran asaltar alguna caravana (que la Diosa no lo quisiera, pero podría ser la de Sandru) inquietaba a Razvan, pero creyó importante que cada cual expresase sus propias inquietudes y, tras un debate prolongado, decidieron ir primero a la cueva.

La cueva, abierta en medio de una pared rocosa, se pudo alcanzar gracias a unas cuerdas y a la colaboración inestimable del compañero de Tali, Cuernotrallamón.  Una vez dentro, en plena tarea de exploración, ocurrió algo que podría haber tenido consecuencias funestas.  En un descuido imperdonable, Razvan resbaló con una roca húmeda, cayendo a una poza de agua estancada realmente profunda.  Su propia armadura estuvo a punto de hundirlo irremediablemente y de no ser por la ayuda de Owen y del resto de compañeros habría sido la primera baja de aquel singular (y cada vez más numeroso) grupo.

Agradeciendo efusivamente a sus compañeros su ayuda, Razvan, Owen y Cuerno se deslizaron a través de una abertura en un camino alternativo ya que su habilidad y su equilibrio era poco fiable debido a su armadura.  Mientras, Rashid, Bonny, Tali y Hanzo probaban su habilidad saltando la poza hasta otra zona por descubrir.  Aquella división se probó peligrosa, ya que tras la abertura mencionada apareció una araña grande como un perro de presa y con intención de convertir a Razvan, Owen y Cuerno en, respectivamente, desayuno, comida y cena.  Afortunadamente, una estocada certera y bien colocada de Razvan convirtió a aquella criatura en un amasijo de fluidos realmente repugnante.


Recuperada ya la unidad del grupo llegaron a una cueva más grande en la que varios conjuntos de huesos se esparcían por el suelo.  Escarmentados por el encuentro del día anterior, se prepararon y uno de ellos le dio una patada un fémur.  Al instante y sin darles apenas tiempo a reaccionar, los esqueletos se levantaron y les atacaron.  Uno de ellos, vestido con una armadura de Xian, señaló a Razvan en un claro desafío.  Y ahí había empezado la sucesión de errores que casi acaba con su incipiente carrera como exterminadores de goblins.

Razvan consideró que los esqueletos sin armadura debían caer antes cuando en realidad el peligro mayor residía en aquella amenazadora figura desafiante.  El siguiente error que pudo costarles la vida fue que Razvan no desencadenó el castigo divino de Iomedae adecuadamente y a tiempo, de modo que la protección que este castigo le hubiera conferido no llegó a tiempo, provocando que él y Owen besaran el suelo en muy poco tiempo.


Poco a poco fueron cayendo los compañeros y no fue hasta el último momento que el trío formado por Tali y su amigo Cuernotrallamón y Rashid consiguió reducir a polvo a aquel maldito esqueleto desafiante y a su cohorte huesuda.

Aliviado por no haber perecido y, sobre todo, por que su error no hubiera costado ninguna vida, Razvan se apoyaba mareado contra la pared musitando plegarias de agradecimiento a su diosa.

- "Agradezco la lección, oh poderosa y leal.  Y sé que es necesario un método duro para una lección dura.  No volveré a fallaros a vos ni a mis compañeros..."

Como si la propia Señora de la Lealtad le estuviera escuchando (como Razvan sin duda creía) un destello se reflejó en su espada larga.  En su mareo y extenuación, Razvan creyó interpretar en esa señal una complicidad, una comunicación especial con Iomedae.  Sabiendo la suerte que tenía por tener a tan podera aliada velando por él, sacó fuerzas de flaqueza y se irguió, sujetando firmemente su escudo y enfocando la luz que de él emanaba.


Al momento, Hanzo se aproximó a él con una especie de manuscrito en lengua extranjera.  Al parecer el mensaje se hallaba esconcido en la empuñadura del arma del esqueleto jefe, ahora ya polvo en el suelo.  Estaba dirijida al heredero de la familia Kaijitsu.  En estos momentos y tal y como le quedaría claro a cualquiera que conociese Punta Arena, ese cargo descansaba en los singulares hombros de Ameiko.  Habría que comunicar el hallazgo en cuanto volviesen a Punta Arena.  Y a todo esto, ¿dónde se habían metido aquellos infames goblins?


jueves, 12 de septiembre de 2013

La llama eterna: Tharla

Mientras las campanadas sonaban anunciando el mediodía y el alcalde de Kassen recitaba las frases rituales que daban comienzo a aquella particular "fiesta de quintos", Tarlha miraba suspicaz a su alrededor, fijándose en los demás participantes de la ceremonia y escuchando con aprensión las ominosas palabras.  "Peligro", "Resposabilidad", "Esperanza"...  aquellas palabras se repetían una y otra vez.
Pintarse la cara color esperanza...

La verdad es que ella misma estaba nerviosa, vestida con un sencillo vestido de lana con pantalones a juego y recias botas de viaje.  Entorno a ella se agrupaban los demás quintos que la miraban con aire entre incrédulo y divertido.  Ella, la "oveja negra" de Kassen, tendría que trabajar codo con codo con aquellos mismos jóvenes que siempre la habían tratado con distancia y recelo.  Sospechando que alguno de ellos podría estar pensando en gastarle una novatada, se puso en guardia y registró la mochila que el alcalde acababa de darle.  Agua, comida, cuerda, hasta un mapa.  De hecho, su mochila, a diferencia de las demás, tenía un regalo añadido: una pequeña botella de brandy.

Tharla miró alrededor y alcanzó a ver a su madre medio escondida tras unas cajas.  Era cierto que Jazel no tenía la mejor de las reputaciones, pero esconderse en un acto tan público le pareció a Tharla casi ridículo.  Sabía que el brandy era suyo, ya que la propia Jazel lo destilaba en su casa.  La propia afición al "agua de fuego" era la que le había traído tantos problemas en el pasado y cuyas consecuencias podían verse hoy en su persona.



15 años atrás, Jazel aún no se había asentado y era aún una inconsciente aventurera.  Su ansia de experiencias le llevó a pasarse una noche de la raya con el brandy y, sin saber cómo, acabó embarazada.  No fue un embarazo normal, ya que Jazel engordó rápidamente y pronto no  pudo ni moverse.  Tras un parto precipitado, la sorpresa de todo el mundo fue que la criatura venida al mundo no era un rosado bebé de graciosas mejillas sino una semiorca verdosa con aspecto cetrino y enfermizo.

Pragmática hasta el límite, Jazel se asentó en el propio pueblo donde le había tocado en suerte dar a luz, y con más dignidad que vergüenza trató de hacerse un sitio en la comunidad de Kassen.  Sin embargo, su afición a la bebida y los hábitos adquiridos en su vida de aventuras hicieron que los habitantes del pueblo no vieran con buenos ojos a aquella extranjera que, según decían las comadres, era ligera de cascos.

Toda la atención que el pueblo le negaba a la madre la volcó con la hija, ya que según la moralidad imperante "la pobre Tahrla no tenía la culpa de que su madre fuese una fulana".  Por supuesto que esos comentarios los hacían a la espalda de Tahrla ya que cuando la gente la miraba a la cara, la chiquilla despertaba una cierta empatía indescriptible que podía tornarse instantáneamente en furia.

Fue a los diez años, cuando aprendió a leer y a escribir, que el mago local le hizo la prueba de rutina para ver si tenía aptitudes mágicas.  En esa prueba, Tahrla fue capaz de reproducir unos pequeños trucos imitando los gestos y sílabas que hacía el mago, lo cual hizo que éste levantase una ceja y, fascinado con la improvisación de Tahrla, la tomó como aprendiz.  Y no era que Tahrla fuese lenta, ni mucho menos, pero había algo en el conocimiento arcano que se le escapaba.  No entendía por qué había que pasarse la vida aprendiendo aburridas teorías mágicas y procedimientos místicos cuando con un par de gestos, algo de práctica y entrenamiento se podía conseguir el mismo efecto.  De hecho, Tahrla se vio obligada a llevar un "libro de conjuros" para el que no tenía ningún uso.  Al final, por dejar de pelear con su maestro, decidió usarlo como diario en los años que estuvo como alumna.  Escribía las anotaciones en clave, como si de verdad fuese un libro de conjuros, y ante la petición de su maestro de revisarlo siempre decía "No, maestro, usted siempre nos dice que los libros de conjuros son la posesión más preciada de un mago y que no deberíamos perderlo nunca de vista".



Pese a sus limitadas habilidades mágicas, Tahrla tenía recursos que otros no tenían.  Había observado desde hacía un tiempo que, en momentos de furia, su manos se podían transformar en afiladas garras que, con un brillo azulado, podía usar para defenderse.  Se dijo a sí misma que tendría que investigar su origen y su posible uso cuando una voz le sacó de su ensoñación.

- ¡Vamos, verdosa, que a este paso, cuando lleguemos, la Llama Eterna se habrá apagado!

Tharla emprendió el camino siguiendo a sus compañeros cuando su madre le cortó el paso.

- Tharla, tesoro.  Sé que tienes tus propias habilidades para defenderte, pero pensé que en una misión tan importante como esta te vendría bien esto.  Toma, pertenenció a tu padre.  No está oxidada ni nada, yo misma me he ocupado de cuidarla todos estos años.  Ahora es tuya.  Si no la quieres, igual puedes venderla y sacar un dinero que puedas usar para otros fines, pero la verdad es que preferiría que la guardases.

- Madre, ¿dónde voy yo con un hacha tan gigantesca?  Es casi de mi tamaño...  ¿Y no decías que no sabías quién era mi padre?  ¿De dónde has sacado entonces esta hacha?



- Sé que no siempre te he dicho la verdad, pequeña, pero cuando vuelvas, si quieres, te lo contaré todo.  Creo que ya eres mayor, y además estás embarcada en la Búsqueda de la Llama.  A partir de tu vuelta tendrás que decidir si te quedas aquí, si te vas...  qué hacer con tu vida.  Cuídate, mi pequeña esmeralda.

Tharla dio gracias a Desna por estar lejos del resto de sus compañeros.  Si hubieran oído como su madre se dirigía a ella por su mote favorito habría sido una tortura añadida.

Despidiéndose de su madre aceleró el paso para llegar hasta a un recodo del camino donde, con impaciencia, los demás jóvenes la esperaban.  Nada sería lo mismo después de esto...


miércoles, 31 de julio de 2013

Jade Regent: Noche en la choza del pantano

La noche era húmeda y, de no ser por aquella choza el grupo de "exterminadores de goblins" habría tenido serios problemas para pegar ojo.  La pelea contra las ratas y aquella extraña criatura ratiforme había dejado la choza en peor estado de lo que estaba, lo cual era mucho decir.  Pero eso no preocupaba demasiado a los integrantes de tan variopinto grupo.



Razvan, de todos modos, no estaba allí.  Estaba a cientos de kilómetros, en un camino empedrado.  Su respiración era agitada y la sensación que tenía era de que algo importante iba a ocurrir.  Algo terrible.  Y él estaba allí para evitarlo.  El problema era que no sabía cómo.  Se miró a sí mismo, vistiendo la cota de mallas que había comprado con la liquidación de los enseres de sus padres.  El dinero había llegado justo para un arma y un escudo de madera de segunda mano que había visto tiempos mejores.  Aun así, Razvan los apreciaba como lo que eran, su herramienta de trabajo.

Tras un recodo del camino, el paisaje cambió de repente.  No sabía cómo, pero estaba delante de un árbol frondoso.  Atado al árbol, seminconsciente, estaba Sandru.  Antes de que Razvan pudiera ponerse en marcha, vio como varias figuras pequeñas se acercaban a Sandru, profiriendo gritos y un estridente cántico.  En sus manos llevaban cuchillos oxidados, su clásico "rebanaperros".

  Razvan trababa de moverse para auxiliar a su amigo, pero no conseguía moverse.  Algo se enredaba en sus pies mientras las cuchillas de los goblins se acercaban a la garganta de Sandru.  Mirando hacia abajo comprendió qué era lo que le impedía avanzar.  Sus pies estaban trabados por una especie de cuerda de fuego.  Curiosamente, la cuerda no le quemaba.  Es más, parecía hasta cómoda, siempre que no tratase de avanzar.  Pero... ¡¿Qué estaba diciendo?! ¿Cómo podía ser cómoda una soga de fuego?  Dándose la vuelta vio que la cuerda mística la sujetaba un hombre sin rostro.  Por mucho que Razvan intentase ver sus rasgos, éstos se desvanecían de su memoria impidiéndole su identificación.  Tras intentarlo un par de veces más, volvió su vista al frente.  Atado al árbol, Sandru exclamó: "¡Por tu culpa, Razvan!".  Tras esto, un goblin deslizó el filo mellado de su arma contra el cuello de Sandru.  La desesperación de Razvan se plasmó en un grito que le pareció más animal que humano.  ¡Noooooooooooooooooooooooo!

- ¡Por los dioses, Razvan, despierta! - Bonny, uno de los compañeros de aquel grupo, trataba de despertarlo.

Incorporándose y recuperando el resuello, Razvan se calmó un poco.  Todo había sido un sueño, por lo visto.  Pero parecía tan real...

- Gracias, Bonny, estoy mejor.  Ha sido sólo un mal sueño.  Es esta ciénaga y esta situación tan...  inusual.  Me pone los pelos de punta.
- Pensaba que los guerreros sagrados erais más...  firmes.  ¿Te asusta una pesadilla?
- En contra de la creencia popular, los paladines somos mortales.  Somos imperfectos, por mucho que a algunos intenten aparentar otra cosa.  Es lo que haces con tus defectos e imperfecciones lo que marca el rumbo de tu vida, no sólo lo que haces con tus dones.
- Entonces, ¿es el hechizo de Rasheem un defecto o un don?  ¿No sería lo que hace con él lo que contase? - El bardo era muy inteligente y había aprovechado para exponer un argumento que el propio Razvan se había planteado a lo largo del día.
- Puede ser. Para mí, desde luego, hay una gran diferencia.  No puedo juzgaros a los demás si aceptáis los efectos de algo así.  Sólo los dioses pueden hacerlo.  Y si yo he consagrado mi vida a Iomedae, lo mínimo que puedo hacer es tratar de vivir según su ejemplo.  Y rezar para que, si tengo éxito haciéndolo, mi ejemplo cunda.  Pero me preocupa más otra cosa.
- ¿En serio caben más preocupaciones en tu mente?  ¿Puede la cabeza de un paladín explotar?
- En serio, Bonny.  El sacerdote no es malvado, puedo sentirlo.  No conozco a su deidad ni sé cómo es posible que un dios esté presente en la tierra, pero temo por el alma de nuestro compañero.  Si sigue ese camino, ¿no está condenado al mal?  ¿Seremos testigos de cómo una vida se pierde en lo maligno?
- Exageras.  Además, no tienes por qué preocuparte. Si realmente se convierte en una amenaza, seguro que tú estarás allí para contenerla, ¿no?  ¿No es mejor tenerlo cerca que lejos?
- Puede que sí, aunque no temo por mí.
- Tranquilo, no creo que Rasheem tenga ningún tipo de interés en Sandru...
- No, no es eso... ¿qué?  ¿Cómo sabes tú...?  ¿Qué?  - El desconcierto trababa la lengua de Razvan mientras, en su interior, daba gracias por la semipenumbra que ocultaba lo que con toda seguridad era el sonrojo más grande de su vida.
- Hablas en sueños - dijo simplemente el bardo.- ¡Ah!  Y te toca guardia, es tu turno.  De todos modos dudo de que pudieras volver a dormirte.  Mírate, aún temblando.

Razvan se incorporó y se colocó la armadura, mientras atizaba con una rama los rescoldos del brasero.  Tendría que confiar en la discreción de Bonny.  Confiar en la discreción de un bardo, ésa si que era buena.  Pero no parecía mal tipo.  ¿Era realmente tan terrible que se supiera su devoción por Sandru?  Pensándolo fríamente, a aquellas personas no les debería importar mucho.  Pero si llegara a los oídos del propio Sandru...  Un escalofrío recorrió la espalda de Razvan, que se incorporó y se puso en posición de descanso con el arma y el escudo sujetos.  Los años de entrenamiento en Vigilia le habían preparado para hacer guardia sin agarrotarse ni cansarse demasiado, pero ningún entrenamiento podía haberle preparado para lo que iba a suceder en los días siguientes.

viernes, 26 de julio de 2013

Rise of the Runelords: Shalelu Andosana

Hija de Seanthia, sacerdotisa de Desna, Shalelu perdió pronto a su padre en un ataque de osgos a Hoja Llorona, en Varisia.  Seanthia tomó como compañero a un humano, Jakardros, que cuidó a Shalelu como si fuera su hija mostrándole las costumbres del explorador.  Cuando Seanthia murió en el ataque de un dragón, Jakardros abandonó Hoja Llorona para gran consternación de Shalelu.

Esa es la única información que tenía tras aceptar la proposición de un amigo de llevar a un NPC recurrente en Rise of the Runelords.  El caso es que yo no tenía tiempo para comprometerme a un AP para jugarlo cada semana, por eso no estaba jugando con el grupo.  En este AP, Shalelu acompaña a los jugadores durante un buen trecho.  En el camino encontrarán un montón de problemas y algunas pistas sobre dónde puede estar Jakardros, su padrastro.
  Al subir de nivel a la vez que los PJ he podido comprobar que más que exploradora, Shalelu es una auténtica máquina de coser, y más cuando lo que se le pone delante es su enemigo predilecto con +4 (elegí "gigantes", guiado por el máster, y es una de las mejores decisiones que he tomado junto con la elección de "Disparo preciso mejorado").

Armada con un arco largo compuesto +1 para aprovechar su bono de fuerza, a Shalelu sólo le hace falta un puntero láser para ser la más letal a este lado del Mar Interior.  "Disparo preciso mejorado" le permite eliminar los penalizadores ya sea  porque el enemigo está enzarzado en melée con un aliado o porque hay aliados en la línea de tiro.  Además, los enemigos han de tener cobertura total o no se librarán del disparo letal del arco.  "Disparo rápido" le permite disparar una vez más aceptando un penalizador de 2 en todos los tiros, y "Disparo a bocajarro" le concede +1 a dar y +1 al daño si el enemigo está a 30 pies o menos.  ¿Eso es todo?  ¡No! También tiene la dote "Disparo múltiple" que permite que el primer disparo sea con dos flechas simultáneamente cuando realiza un ataque completo.

¿Cómo anulas a una ametrallador elfa?  Poniéndote en rango de amenaza cuerpo a cuerpo con ella.  Por eso Shalelu tiene maximizada la puntación de "Acrobacias" (incluído un anillo de salto) para poder esquivar los ataque de oportunidad al tomar distancia y seguir dejando al enemigo como un acerico.

En resumen, que me encantan los elfos "metralleteros" y no descarto hacerme un personaje desde cero con ese tema.  El problema que tengo es que no juego demasiado a Pathfinder aún y quiero probar las distintas clases.   Ya tengo a mi clérigo, mi monje, mi palata...  Ya veremos si cae un explorador o no.

lunes, 22 de julio de 2013

Jornadas de la Sociedad de Exploradores (13/07/2013)

Y de nuevo en la brecha, me despierto prontito para estar a las 11 en la puerta de Generación X con ganas de jugar con Asim Abasi "el hosco protector".  Al llegar, resulta que el escenario que íbamos a jugar requería una preparación a conciencia y Miguelón (nuestro gentil máster) no lo veía claro desde el día anterior, así que cambiamos a "The Dalsine Affair", que prometía mucha diversión y problemas.

De hecho, el problema principal es que éramos únicamente tres jugadores (el cuarto ya había jugado este escenario, de modo que se trasladó a otra mesa a sufrir las crueldades atenciones de Bester Brainstormer): Enrique con su infame Maricielo, Álex con el inquisidor de Sarenrae con quien coincidí en el escenario de Kalkamedes, y un servidor con mi monje.  Cuando pasa esto en un escenario, el máster coloca un "pregen fantasma" a jugar manejado por nosotros mismos.  Pese a que inicialmente íbamos a pedir la asistencia de Kira, la clériga de Sarenrae, decidimos que necesitábamos más músculo (Maricielo, no te ofendas, chata...) de modo que tiramos finalmente de Valeros y empezamos a jugar.  Sí, es un grupo desequilibrado porque vamos a melée todos sin magos ni atacantes a distancia, pero nos pareció mejor eso que manejar al pregen de mago o de hechicera, que son más complicados.



ALERTA SPOILERS
Si no has jugado el escenario pero tienes intención de hacerlo, no sigas leyendo

El asunto Dalsine

Estamos pasando la noche en Absalom (probablemente llamados inicialmente para otra misión de la Sociedad de Exploradores, cuya información nos darían la mañana siguiente) cuando nos levantan de la cama con urgencia: hay una emergencia en el Decemvirato de la Sociedad.  Es uno de los Capitanes de Misión el que nos recibe a medio vestir y con ojeras.  Al parecer hay un problema con la delegación de la Sociedad en Taldor.  No tenemos muchos datos, pero todo indica que el futuro de la representación de la Sociedad de Exploradores en Oppara, la capital de Taldor, está pendiente de un hilo, y sólo sabemos que tiene que ver con la prohibición del culto a Sarenrae en su territorio.

Taldor fue un antiguo y vasto imperio hace siglos, uno de los más grandes que la Mar Interior ha conocido.  Pero poco a poco los territorios que lo componían fueron ganando su independencia, auspiciados por la rivalidad de éste con Qadira, un imperio rival.  Debido a esta enemistad manifiesta, en Taldor no están bien vistas las costumbres de Qadira, incluyendo el culto a Sarenrae.

La urgencia de la situación es tal que somos teleportador directamente a la pescadería que sirve de tapadera al Capitán de Misión en Oppara, y éste nos cuenta el error que ha cometido y que pone en peligro a toda la Sociedad.  El dirigente de Taldor, el Gran Príncipe Stavian III, ha decretado un impuesto altísimo para sacar antigüedades del país.  Y nuestro Capitán de Misión tuvo la genial idea de hace contrabando con las antigüedades utilizando para ello los subterráneos y las catacumbas en las que el culto a Sarenrae se oculta.  En el momento en el que el culto ha sido desmantelado y uno de sus templos descubierto, el taldoriano encargado de la investigación, un tal Dalsine, ha requisado un par de armaduras antiguas con valor histórico y una serie de papeles en clave que, si se consiguen descifrar, incriminarían a la Sociedad de Exploradores.

Tras explicarnos eso, la guardia de Oppara llama a la puerta del Capitán de Misión.  Y descubrimos que no sólo está de mierda hasta el cuello, sino que en la parte de arriba tenemos a diez seguidores del culto a Sarenrae que tenemos que mover como un rebaño hasta un pasadizo.  De eso se encarga el inquisidor y su diplomacia/intimidación mientras Maricielo y Asim se dedican a apuntalar la puerta con todo lo que encuentran y a putear a los pobres guardias desde la planta de arriba tirándoles los despojos de pescado.  Un cuadro...  pero funciona (más por las desastrosas tiradas de los guardias que por otra cosa, pero vaya).

 Nuestro capitán de misión, con la mierda al cuello

Ya en las cloacas, confiamos en una adepta para que nos guía en plan Fuenteovejuna por ellas hasta la "casa segura", un templo oculto a Sarenrae en cuyo interior Asim tiene que hacer un par de recados de Osirion, su facción.  Y que puedes sacar al aventurero de Osirion, pero Osirion siempre estará en el aventurero.  En el camino nos encontramos alguna alimaña que destripamos y seguimos camino silbando mientras el grupo de devotos canta aquello de "Señoooooooor, me has mirado a los ojoooooooos. Sonrieeeeeendo has dicho mi noooooombre".
 Qué buenos son los tipo de Pathfinder,
qué buenos son que nos llevan de excursión

Llegamos al templo en cuestión, y tras un par de minutos de descanso y misiones de facción, hablamos con el encargado del templo.  Tras pedirle información sobre Dalsine y cómo llegar hasta él, nuestro inquisidor, al que no se le escapa una, tiene la certeza de que no dice toda la verdad.  Maricielo pierde la paciencia, el inquisidor presiona y Asim se desplaza hacia la puerta por si el tipo intena huir.  Descubrimos que la intuición del inquisidor vale lo suyo, ya que el tipo no es sino un Acechador sin Rostro, una desagradable criatura que puede parecerse a cualquiera.  La criatura en cuestión es una amenaza, pero nada con lo que no podamos.  Tras acabar con él averiguamos que está a las órdenes de Dalsine, con lo cual avisamos a los devotos de que el templo ya no es seguro.
   Acechadores sin rostro, esos mamones son duros

Salimos lo más cerca posible de la casa de Dalsine (guiados por una pobre devota que con más miedo que vergüenza nos indica el camino).  Para entrar utilizamos una táctica disuasoria con los guardias que, pese a nuestra reputación, no deja bajas (al menos no causadas por nosotros).  En la entrada había una delegación de Qadira intentando entrar y bastaron un par de pedradas de Maricielo y un grito de "¡Por Qadira!" para que se montase un pollo en la puerta que distrajo a los guardias mientras nosotros escalábamos el muro y nos colábamos en la casa.


Y aquí viene el momento crítico de la partida.  Mientras en el recibidor se están pegando dos tíos a sablazo limpio (luego averiguraríamos que eran los representantes de las facciones de Taldor y Qadira de la Sociedad de Exploradores) nosotros registramos armarios y cajones hasta dar con las armaduras y los papeles a los que el Capitán mencionó y nos enfrentamos a la siguiente decisión: "¿Debemos, una vez recuperados estos objetos, seguir adelante y buscar a Dalsine, del que sabemos que es un enemigo declarado de la Sociedad de Exploradores? ¿O es mejor, cumplidos los objetivos, retirarse y evitar el combate?"

Decididmos retirarnos, y creo que hicimos bien.  Por lo que vimos fuera de juego, Dalsine era un Magus que nos iba a recibir invisible y atacando por sorpresa con un par de tretas que nos iban a dejar muertos mataos.

Total, que la delegación de la Sociedad de Exploradores en Oppara está a salvo, la re-puta-ción a salvo, y no sabemos qué ha sido del Capitán de Misión, pero damos por sentado que alguien lo liberará del calabozo cuando no tengan pruebas contra él.  Con suerte.

Y ya tengo a Asim en nivel 4.  Aún no lo he subido porque quiero estudiarme bien qué cosas me dan.  A partir de ahora puedo reducir el daño de caída 20 pies, tengo una reserva de ki para hacer algunas proezas, como saltar más de lo normal o realizar ataques extra.  Y un punto más, que creo que voy a subirlo en Sabiduría, ya que en cuanto la suba un poco más me subirá el bono de defensa.  Y estoy considerando llevar conmigo pociones de sabiduría de búho, que es algo en lo que no había caído pero que me sube automáticamente la armadura y la reserva de ki.  ¡Temblad, malvados!

viernes, 19 de julio de 2013

Jade Regent: La historia de Razvan Troi

Nacido y criado en Punta Arena, Razvan tuvo una infancia sin demasiados eventos remarcables.  Siempre listo para echar una mano al prójimo, intentaba siempre tratar a la gente por su nombre, conociéndolos un poco más con cada conversación mantenida.  Solía decir: "Si no nos entendemos entre nosotros, que somos vecinos, ¿qué esperanza tenemos de que los de las grandes ciudades nos entiendan?". 
Razvan Troi
Fue siempre un fiel devoto de Iomedae, la diosa del deber, la justicia y el honor. Por eso, al cumplir los dieciséis años, se unió a una caravana con un destino muy claro: Vigilia, la capital de Murofinal.  Allí aprendería que el deber y el valor se han de demostrar mediante disciplina.  La dura vida en el cuartel y el lento ascenso entre los compañeros moldeó el carácter de Razvan un poco más.  Vio como hombres y mujeres a los que consideraba sus mejores iban poco a poco convirtiéndose en cínicos y se lamentaban de su mala suerte cuando les tocaba hacer tareas o guardias.  Él, sin embargo, cumplía su tarea a rajatabla sin perder el aplomo.  Ni siquiera la noticia de la muerte de sus padres a causa de un ataque goblin a Punta Arena consiguió agriarle el carácter. A veces, en el silencio de la noche o en el tumulto de las actividades cotidianas, Razvan se acordaba de su pueblo, de sus padres...  Y más concretamente de Sandru. 

 Guerreros sagrados de Vigilia, en Murofinal.

Mientras todo el mundo consideraba que Razvan era un poco inocentón y confiado, Sandru siempre tenía una palabra amable para él.  Razvan se sentía torpe y nervioso en su presencia, porque claro, Sandru llevaba años viajando con la caravana mientras que Razvan no había salido aún de Punta Arena.  Sandru no se reía cuando Razvan le hablaba del deber y el honor, como otros. Incluso le defendía diciendo que gracias a gente como Razvan, la gente como Sandru y los demás habitantes de Punta Arena podían dedicarse a sus cosas con relativa tranquilidad.  Este trato de Sandru hacia Razvan era simple amabilidad, según Razvan.  ¿Qué otra cosa podía ser?  Razvan se conformaría con eso.  Atesoraba todas las palabras amables y miradas expresivas que Sandru le había dedicado y hacía de ellas su refuerzo.  Con eso bastaría...
Sandru Vhiski, un atractivo bribón

Tras su graduación, Razvan pasó a depender de sus propios medios.  Pese a las insistencias de la Orden de que se quedara en Murofinal, Razvan volvió a Punta Arena.  Había visto en qué se convertían los militares profesionales de Vigilia y no quería ser uno de ellos.  Luchar está bien siempre que haya una causa que lo justifique, como la protección del más débil o la oposición a la tiranía y la injusticia.  No descartaría volver al ejército del Lord-Protector, pero no antes de experimentar la vida y adquirir en ese tiempo un conocimiento más profundo del mundo.  Además, en Punta Arena coincidiría con Sandru y su caravana.  ¿Necesitaría guardias?